“Me acusan de segregar a mi hija, de discriminarla, de robarle oportunidades, de aislarla. Me acusan de ser mala madre: una madre conformista, comodona, que no espera nada de ella, que la arrincona, que la condena. Incluso, otorgándome el beneficio de la duda, me acusan de ser una madre ignorante, infantilizada, sin criterio. Y todo porque mi hija con síndrome de Down acude a un colegio de Educación Especial.”
Así empieza este interesante artículo publicado en El País donde la madre de Claudia, una niña con síndrome de Down, nos habla sobre su decisión que su hija asista a una escuela de Educación Especial (EE) en lugar de una escuela ordinaria.
Dentro de una tendencia cada vez mayor a que todos los niños con necesidades especiales asistan a la escuela ordinaria, y ante la evidencia que los recursos en la escuela no son los que deberían ser para que los maestros tengan la oportunidad de realizar una inclusión real, la reflexión de esta madre parece, cuanto menos, oportuna.