Tener un hijo suele ser siempre una emoción especial e intensa. Única. Lo viven los padres biológicos y los que adoptan, que incluso pasan un mayor tiempo de «gestación» o espera. No obstante, y aunque no es lo habitual, hay veces que la cosa no funciona. Que la adopción se trunca y los padres acuerdan no seguir haciéndose cargo del niño o niña.
Este artículo de La Vanguardia habla del por qué de esta situación y de cómo afecta psicológicamente a sus protagonistas.